La Iglesia de Inglaterra ha nombrado de manera oficial a Sarah Mullally, actual obispa de Londres, como la arzobispa de Canterbury, la máxima autoridad anglicana después del monarca. Su designación fue aprobada por el rey Carlos III por recomendación de la Comisión de Nominaciones de la Corona y el respaldo del primer ministro Keir Starmer. Mullally, de 63 años de edad, ocupará oficialmente el cargo el 25 de marzo del 2026, como la sucesora de Justin Welby.
Pese al histórico avance que representa su nombramiento, la nueva arzobispa enfrenta oposición no solo por el rechazo al liderazgo femenino por parte del sector conservador, sino también por su actuación pasada en la diócesis de Londres. Durante su gestión, un sacerdote se suicidó tras ser acusado falsamente de abuso, lo que causó muchas reacciones entre la comunidad, las cuales, tras su nombramiento, no tardaron en mostrar su descontento ante la situación.
